Espumas que se van III

Posted by Gilberto Parra | Posted on 1:50:00 p. m.

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"Llovieron los aplausos y las monedas de propina que fueron a dar a la caja de resonancia de la guitarra de uno de los músicos. El único que permaneció imperturbable en esa circunstancia, fue el flemático Philip".


Espumas que se van

Parte 3

(Ganador del 57 Concurso de cuentos del Nacional, 2002.)
Gilberto Parra


Imagen tomada de la página: http://para-viajar.com



Tercera Parte



A Philip y a Theresa, nacidos y criados en la Colonia Tovar, les eran muy familiares el ambiente, las costumbres y el imaginario teutón, donde la cerveza y la salchicha forman un binomio indisoluble, y dado que ambos tenían un vago recuerdo infantil de su experiencia en el Oktoberfest, cometieron el error relativamente enmendado, de pretender trasladar Baviera a Caracas, así sin anestesia y sin nada, no obstante que irían haciendo graduales ajustes para que el contraste entre ambas realidades no fuera tan brusco. Por ejemplo, pronto se dieron cuenta que el repollo agrio no era muy grato a los paladares criollos. En cambio, sí acertaron en cuanto el mobiliario y la utilería, la disposición de las mesas esparcidas en el local y las jarras, sobre todo las jarras, donde se servía la cerveza, pesadas jarras de cerámica color gris con capacidad de medio litro cada una, tan pesadas y tan gruesas que mantenían admirablemente fría por mucho tiempo la cerveza.

No es posible encontrar en el mundo fuera del ámbito de la Cervecería Múnich, un binomio más complementario que el de la cerveza fría con la salchicha alemana frita, dos mitades que se complementan tan admirablemente como una sociedad comanditaria. Es más fácil extraer el aceite cuando se mezcla con el agua, que ir a tomar la Pilsen en la Cervecería Múnich y no acompañarla con la salchicha frita, cuya omisión es casi un pecado de lesa lupulosidad.

Pero la cerveza no provenía de las miserables botellas, botellón, media jarra o tercio, sino de sifones o lisas. Philip decía con mucha pasión que él quería tener una cervecería, no un botiquín de mala muerte, donde lamentablemente la cerveza se sirve a través de botellas. Tampoco barras, como en otras cervecerías de Caracas, pues según él, las barras están hechas sólo para borrachones parlanchines y él quería una selecta clientela atendida directamente en las mesas. Nada de música. La flemática personalidad teutona de Philip no se permitía libertades más allá de Beethoven, Wágner, Bach y Mozart. Rotundo no a la música grabada o en vivo con los músicos ventetú que solían concurrir a los sitios nocturnos.

Sin embargo, para partir la diferencia con la terquedad de Theresa, muy inclinada a la pegajosa salsa y a los dulzones boleros de los cantantes de moda, se contrató por suscripción al Hilo Musical, para que éste sirviera de suave fondo melódico con música ligera o popular estilizada. En eso Philip no transigió con nadie, ni siquiera con los populacheros clientes que a fuera de concurrir a la cervecería se hicieron amigos de Philip. ¡Esto parece un velorio!, solía comentar el charlatán Pepe el Gritón, aburrido de Ray Coniff, Clayderman y Billy Vaughn.

Pero esa consustanciación de Philip con el imaginario teutón, le hizo sentir una brutal pena ajena en nombre de sus antepasados, cuando una desgraciada noche, recién comenzando a operar la Cervecería Múnich, apareció ante las cámaras de TV la abominable figura de Adolf Eichmann, quien estaba siendo juzgado en Israel por sus horrendos crímenes cometidos durante el holocausto judío. Con la cara roja de vergüenza soportó estoicamente miradas y gestos sarcásticos por parte de la clientela. Este desagradable episodio lo marcó por el resto del tiempo que estuvo al frente de la Cervecería Múnich.


Philip y Theresa acertaron en la ubicación, la circunstancia y el concepto de una cervecería, la cual no podía ser de otra naturaleza sino alemana, específicamente bávara. La Avenida La Salle de Los Caobos, punto de convergencia entre la academia, tan íntimamente ligada al etílico discurso de éxitos y fracasos estudiantiles. También el deporte, tan hipócritamente segregado del consumo de bebidas alcohólicas, pero en eterno matrimonio de conveniencia entre deportistas, quienes pasaban más tiempo en los bares que en el gimnasio y la cancha, y los aficionados, quienes si es verdad que no tenían que rendirles cuentas a nadie y por tanto se daban la mano con los deportistas en la cervecería, para discutir las incidencias de los eventos deportivos.

Igualmente la política, en plena efervescencia de la lucha armada, para sellar pactos de honor en la cómplice conversación ahogada por el bullicio del parloteo de los clientes alrededor de las mesas. Pero sobre todo el erotismo, cuando la desinhibidora espuma de la Pilsen secretamente destornilla cualquier resistencia al requerimiento amoroso, más aún en ese escenario tan grato compartido entre amantes en esa cervecería.


Muchos científicos de panzuda presencia y alopecia senil, apoyados por nalgudos rastacuerismos, sostienen con mucha razón científica, pero con poca sindéresis erótica, que el alcohol etílico en general y la cerveza en particular, deprime el sistema nervioso. Tal aserto es válido para los hombres solamente, dado que la extensión del pene requiere de grandes torrentes de sangre para llenar los espacios cavernosos del pene, pero el diminuto clítoris no requiere más de una pocas gotas de sangre para poner a sus dueñas al borde del lecho. “No hay mujer incogible, sólo hay mujeres sobrias”, proclama Philip cada vez que sus requiebros ponen en posición horizontal a la fémina A poco de inaugurada la Cervecería Múnich, una ansiosa clientela inundaba el local, el cual pronto comenzó a ser insuficiente para la gran cantidad de parroquianos de toda índole.

Los estudiantes de la Universidad Central, quienes concurrían en patota a contarse las incidencias de las clases, pero sobre todo los exámenes. El grupo que formaban Benjamín (cabezón de Carora), el gocho Romerito, el narizón Rivero, el impasible Primitivo, le dieron al abigarrado local de la cervecería, la connotación de salón de usos múltiples, sobre todo cuando se hacían acompañar de muchachas con pretensiones de hacerles el sebo.

Los peloteros o pichones de peloteros, con sus uniformes aún empapados de sudor por la reciente caimanera, abanicándose el transpirante rostro con la deshecha gorra. La barra de los Tiburones de La Guaira, con Pepe el Gritón a la cabeza, llenando los ámbitos con sus cuentos subidos de color, con esa voz estentórea que sacaba de su distracción a la concurrencia.

Los políticos, discretos sujetos, quienes hablaban casi en susurros, para compartir entre ellos el secreto de la lucha armada. Las mujeres, quienes en grupos de dos o tres o cuatro, sin compañía de caballeros, quienes se sentaban discretamente en las mesas más distantes, puestas a prueba por algún rascabucheador de oficio al aceptarles o rechazarles alguna cerveza que enviaban con un mesonero. Los artistas, apócrifos o auténticos, algunos de ellos disfrazados con boínas, todos bohemios, los últimos en irse del local, casi a empujones, ya de madrugada, aún después que se marchaban las parejas de enamorados, al cabo de muchas horas y de profusa conversa y poco consumo, en virtud de su eterna carencia de dinero para pagar las cuentas Toda una abundante fauna, variopinta y plural, vinculada, aunque sin saberlo, por el afán onírico de Philip, quien a juro quería trasladar la invernal Baviera a la tropical Caracas. Sin embargo, por todos estos hechos, Philip se anotó muchos tantos a su favor.


Philip no se andaba con miramientos en aquello de mujeres, mejor aún, mujeres bebedoras de cerveza, aquellas que bebían a pecho la fría Pilsen. Por eso, cuando la Cerveza Caracas inició una de sus tantas exitosas campañas publicitarias ideadas por CORPA, consistente en tres hermosas modelos, quienes por sus apodos definían las características más notorias de la marca Caracas, Aroma Fino, Sabor Alegre, Color de Oro, tres despampanantes hembras, a cual más hermosa y cautivadora, que paseaban sus rostros y sus cuerpos por las pantallas de la TV, que de acuerdo con el concepto de Philip, es lo más parecido a un Oktoberfest tropical. Por eso, Philip, después de quedar electrizado por el comercial televisivo, se empeñó en invitarlas a su Cervecería Múnich, para promover su negocio, contemplarlas de cerca en todo su esplendor, aún a costa de una buena suma de dinero que seguramente cobrarían las modelos y a costa también de la ojeriza de Theresa, aunque agraciada con atributos físicos, pero ni remotamente comparables con esas modelos.

Aroma Fino era una morenaza, de generosos senos, muslos firmes y pantorrillas exquisitamente torneadas. Sabor Alegre era de piel blanca, no muy alta, pero poseedora de un rostro semejante a esas madonnas plasmadas en los lienzos renacentistas. Color de Oro era una catirrucia de perfil griego, senos breves, pero un tan buen moldeado cuerpo que se expande en los hombros y en las caderas y se aguza en una delgada cintura abarcable al juntar el pulgar y el índice de cada mano.

Aroma Fino, Sabor Alegre, Color de Oro, eso es lo quiere vender la Cerveza Caracas, pero ¿no es acaso también lo que define la orina aún caliente, inmediatamente después que abandona las entrañas de las hembras que Philip degustó tantas veces en sus interminables sesiones de sexo oral? ¿No es acaso también la espuma que se deshace en burbujas en las jarras de la Cervecería Múnich y en el envase donde se deposita la orina?. Preguntas como esa se las hacía Philip cuando fijaba su indiscreta mirada justo en la entrepierna de las modelos, haciendo un ejercicio de suprema imaginación, cada vez que esas tres modelos visitaban la Cervecería Múnich.


En ese transvase automático de su sueño bávaro en la tropical realidad caraqueña, Philip quiso organizar un Oktoberfest en la Cervecería Munich, pero, para su pesar, fracasó rotundamente, al no obtener respuesta ni siquiera de sus paisanos teutones de la Colonia Tovar. El otro temor muy fundado de Philip, tenía que ver con la cultura etílica de los apasionados borrachitos criollos versus sus flemáticos pares teutones, es decir, borrachitos ordinarios versus borrachitos flemáticos, pero borrachitos al fin, sólidamente vinculados por la consigna universal de Carlos Marx, su lejano antepasado teutón, quien proclamó en una verdad del tamaño de su descomunal teoría, ¡Barrachitos del mundo, uníos!.


Un viernes por la noche del mes de Julio, tal como lo había temido Philip desde hacía mucho tiempo antes, se presentaron en la Cervecería Múnich cuatro cañoneros, de sombrero de pajilla y vestidos con pantalones a rayas, como si fueran payasos, quienes, por la elemental razón de encontrarse en el local de una cervecería, interpretaron el conocido danzón que solía cantar Barbarito Diez,

Pero en esta ocasión el suave danzón se transformó en un intenso ritmo rucaneado 


Una noche se sentó a mi mesa
Y en las copas bebí todo su amor
Transcurrieron sólo dos semanas
Tras las cuales mi vida se apagó.

Pero lo que más deleitó a la concurrencia fue aquello de:
Un querer que surge en una mesa,
Entre espumas se debe sepultar
Si un querer nació de una cerveza,
Otra cerveza beberé para olvidar

Llovieron los aplausos y las monedas de propina que fueron a dar a la caja de resonancia de la guitarra de uno de los músicos. El único que permaneció imperturbable en esa circunstancia, fue el flemático Philip.




Lágrimas Negras


Espumas que se van II

Posted by Gilberto Parra | Posted on 5:53:00 p. m.

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“…pero enriquecieron a su manera los encuentros a través del cunninlingus
y la felación, luego que se embriagaban con interminables sorbos de cerveza
entre orgasmo y orgasmo”.


Espumas que se van

Parte 2


(Ganador del 57 Concurso de cuentos del Nacional, 2002.)
Gilberto Parra


Imagen tomada de la página: www.s1ngular.com/



Segunda Parte



Inútil búsqueda de los bebedores de cerveza, cuando concurrían a la Porlamar (UFF…cerveza con pescado); a la Caleta (GRR…cerveza con paella); a la Lara (UGG…cerveza con callos madrileños), menos aún en el Francos (GUSH…cerveza con pasticho).

Philip y Theresa, tan criollos como todos los teutones nacidos en la Colonia Tovar, habían estado en Múnich cuando ambos eran niños, pero de la mano de sus respectivos padres. Habían participado en verdad en el Oktoberfest, pero en su condición de niños, sólo podían asistir a las diversiones para niños, los tiovivos o carruseles y los desfiles a la orilla de las aceras, muriéndose de aburrimiento al ver pasar las bandas musicales con hombres y mujeres en trajes multicolores, bailando y cantando alegremente, pero hasta ahí…Bebida, un refresco, comida una salchicha, pero hasta ahí…nada del sexo que se practica libremente aupado por el alcohol en cualquier esquina, al amparo de un auto o de un quiosco de revistas…o en plena acera, a una hora en que a Philip y a Theresa ya se los habían llevado sus respectivos padres a dormir en casa de unos parientes en una aldea cercana a Múnich.


Cuando Philip y Theresa se hicieron adultos y se enamoraron y practicaron el sexo, tal como lo harían sus lejanos paisanos teutones en el Oktoberfest, ellos cambiaron las enferiadas calles de Múnich por los hoteles de El Junquito, pero enriquecieron a su manera los encuentros a través del cunninlingus y la felación, luego que se embriagaban con interminables sorbos de cerveza entre orgasmo y orgasmo.


Philip y Theresa muy pronto notaron, aunque ninguno se lo dijo nunca al otro, pues ambos eran católicos muy devotos, que el cunninlingus y la felación sabían diferentes cuando habían consumido cerveza previamente, a diferencia de cuando habían consumido otro tipo de licores, o cuando simplemente habían ido sobrios a la cama. Es más, ambos notaron, pues lo hicieron muchas veces, que el cunninlingus y la felación no sabían diferentes dependiendo de la marca de la cerveza que consumieran previamente. La Polar era como muy dulce, con un cierto sabor quemado, producto de la maduración. La Zulia era muy áspera, producto de la escasa maduración o de la calidad de la cebada. Pero la Caracas…ay la Caracas, amarga como la retama, era la que al final, les daba el mejor sabor al cunninlingus y la felación, pues al parecer no perdía su poder embriagante, no obstante el proceso digestivo.


Ahí está la clave de todo, el proceso digestivo, por una rápida, casi instantánea absorción de la cerveza a través del estómago, y de allí directo al torrente sanguíneo, dada la naturaleza hidrocarbonatada de la cebada, al contrario de otros licores como el güisqui y el ron que deben esperar un rato mucho más largo para incorporarse al torrente sanguíneo, pues sólo son absorbidos por el intestino grueso. 


¡Qué manera de excitarse! ¡Qué comunicación tan grata!. Pero sobre todo, ¡qué complicidad más estrecha entre el torrente sanguíneo y los tejidos grasos del organismo, expresada en su máximo nivel por la masa encefálica! Sin importarle un bledo, sin preguntarse el cómo ni el porqué, el torrente sanguíneo, el muy sinvergüenza, deprime el sistema nervioso, arrollando el cerebelo para producir en el cuerpo y el espíritu esa sensual sensación del vértigo etílico. Se pierde el equilibrio, se perturba el sentido de orientación, se enreda la lengua, se nubla la mente como un amanecer del invierno bávaro, pero eso no importa cuando se gana en erotismo, con esa sensación de abandono, con esa corriente eléctrica que se eleva a través de los muslos hasta la entrepierna.

Pero nada de eso tiene mayor sentido cuando se le compara con las ganas de orinar. La vejiga repleta que se llena a razón de una gota cada 3 segundos, excita la próstata y el nervio pudendo y el clítoris, produciendo en forma coetánea la erección que aumenta el volumen del pene, reduce el escroto y le da consistencia de piedra al miembrecillo femenino junto con la secreción aceitosa de los labios mayores. ¡Cómplice actitud del torrente sanguíneo que arrastra en su alocada carrera inmensas porciones de andrógeno y estrógeno! .Se exacerba la concupiscencia en un ir y venir pendular que humedece la ropa interior!..


No hay nada comparable con darle rienda suelta a la vejiga, sentir el estremecimiento al paso de la orina por la uretra y esa sensual sensación de plácido alivio al desalojar desde las entrañas el espumoso líquido urinario. Espumas que se acumulan por la caída libre de unos 80 centímetros desde la abertura del pene hasta el envase donde se deposita la orina y la menor altura y fuerza de la salida de la orina a través del meato femenino, pues generalmente la hembra orina sentada.


Espumas que se acumulan en la superficie de un líquido amarillento muy claro, casi transparente, de textura y sabor sui géneris, con aroma amoniacal que no se parece a nada, pero de mágico efecto estimulante de la libido, igual en la tropical Caracas que en la invernal Baviera, que adquiere la característica lupulosa y el sabor de la transformación química dado el proceso industrial que sufre la cebada en su destilación.


Philip y Theresa nunca hablaron el uno al otro acerca de esa diferencia de sabores, ni aún cuando al fin se casaron después de una larga temporada en la que sudaron todas las sábanas de los hoteles desde el kilómetro 3 hasta el kilómetro 20 de la carretera a El Junquito. Un extraño pacto secreto, no compartido entre ellos, aunque sí cada quien por separado, cada quien con sus amistades más cercanas, los llevó a escoger la Cerveza Caracas como la marca que venderían con exclusividad en la Cervecería Múnich, previo convenio con esa empresa, cuando un buen día decidieron abrirla en la Avenida La Salle de Los Caobos.



Continuará...


César Vallejo


Espumas que se Van

Posted by Gilberto Parra | Posted on 7:32:00 a. m.

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…A estas alturas, nadie sabe si ese error se enmendó,
aunque existen fundados indicios de que sí se enmendó,
pero de un modo relativo…


Espumas que se van

/ Parte 1 /


(Ganador del 57 Concurso de Cuentos del Nacional, 2002.)

Gilberto Parra

Imagen tomada de la página http://www.elmundo.es


Primera parte


Alguien se equivocó porque, en Los Caobos ese cielo, esas calles, esa plaza, esas palmeras que doran el sol de las regiones tropicales, debieron estar en otra tierra, específicamente en Baviera, porque cuando uno comienza a ascender desde la Plaza Venezuela, redondel acuático urbano, uno observa unas fuentes como volcanes en erupción, las cuales vomitan hacia el cielo una fría lava, como si de pronto lloviera al revés. Cuando uno continúa su rápido ascenso desde la Plaza Venezuela por la cuesta de la Avenida La Salle, más arriba del puente ornamental que durante tantos años soportó estoicamente el paso de los trenes del Ferrocarril desde Santa Rosa hasta Ocumare, pocas cuadras cuesta arriba, después que uno percibe el olor del incienso papal en los mensajes canónicos de la Embajada de la Santa Sede, allí está ese sitio donde sedientas gargantas y paladares ansiosos trasegaban galones, hectolitros, mirialitros de la fría Pilsen y degustaban kilos, toneladas, megatoneladas de salchichas fritas, aderezadas con el agridulce sabor de la salsa de tomate en hemorrágico fluir junto con el acre picor de la mostaza.



Allí está, gradas arriba desde la acera, extendida en mesas y sillas pulidas debajo de unos toldos que le dan a uno la impresión de un eterno ambiente ferial, la inefable Cervecería Munich, Baviera tropicalizada en plena Avenida La Salle de Los Caobos. Alguien debió equivocarse, porque todo ese paisaje de alegría que al final de la cuesta de la Avenida La Salle, que El Avila engulle de verde, debió estar en Baviera, pues en los fríos otoños e inviernos continentales del sur de Alemania, se hacía sentir la ausencia del tibio sol de Los Caobos, cuando durante o después del Oktoberfest, la gente sale en tropel por las calles de Munich con sus inmensas jarras repletas de Pilsen en la mano, en una frenética competencia féculo-etílica de cebada fermentada y bebida al clima.




La cerveza se goza, se disfruta, se vacila cuando hace calor, al igual que el sexo se recrea cómodamente acostado en una cama, si es posible con dos almohadas, una debajo de la nuca y otra debajo de los riñones. Tomar cerveza bajo el frío otoñal o invernal de Baviera, es igual que hacer sexo de pie. Pero también es verdad que si se trata de cambiar el orden natural de las cosas y se le echa hielo a la cerveza, se obtiene el mismo efecto perverso de pretender chuparse una teta con el sostén puesto En Munich y en Los Caobos, por efecto del espectro solar y otras consideraciones, la misma cerveza debe tener colores y texturas diferentes.



En Los Caobos, la cerveza debe verse más ambarina, más espesa que en Baviera, con la blanca espuma coronando la superficie, como una ola de resaca. La respuesta para esa diferencia en el sabor de la misma cerveza tomada a la misma hora en Munich o en Los Caobos, en el otoño o en el invierno, con seis horas de diferencia, es algo que ni los teólogos, ni los naturistas, ni los esotéricos, ni los filósofos se han encargado de investigar, pero la diferencia de textura, sabor y color de la misma Pilsen, del cunniinlingus y de la felación, lo debe determinar la posición equinoccial del sol en Los Caobos, en contraste con los rayos oblicuos del sol en el otoño o en el invierno bávaro. La diferencia del sabor de los mismos cunninlingus y la felación, en ambas latitudes pareciera, en consecuencia, no estar en razones de higiene, sino en la intensidad del sol. Igual fenómeno opera con el sabor de la Pilsen.


Vuelvo y repito: alguien debió equivocarse al invertir el orden natural de las cosas y por tanto debe enmendarse ese error, para que al igual que el amante de la viudita la hija del rey, además de gustarle la Pilsen bien fría y la salchicha alemana frita aderezada con salsa de tomate y mostaza, debería poner las cosas en su santo lugar. Eso significa que en la Avenida La Salle de Los Caobos, con su cálido sol, se disfrute de la Pilsen bien fría, sin ponerle hielo, pero en Baviera, si eso les hace feliz, disfrutar de su cerveza en el Oktoberfest, calentando el sexo pero enfriando la Pilsen, aunque se entumezcan los labios y el tracto digestivo.



A estas alturas, nadie sabe si ese error se enmendó, aunque existen fundados indicios de que sí se enmendó, pero de un modo relativo, pues mientras en Baviera el Oktoberfest sigue dando quehacer, con frío otoñal e invernal o sin él, en Los Caobos, en cambio, cabalgan unos duendes que muy de tarde en tarde, hablan, gritan, charlan, con la lengua mocha cortada en dos trozos por el alcohol contenido en la Pilsen. El olor de la fritanga también se deja sentir en lontananza, muy de tarde en tarde, en Los Caobos, pero con salchichas alemanas fritas en un aceite helado, inservible, al clima, no atizado por la llama de la estufa, como para que el transeúnte acerque su nariz hacia unos quietos calderos, que herrumbrosos y abandonados, ya no exhalan el visceral aroma de la salchicha frita.




Philip y Theresa son dos teutones (él teutón, ella además, tetona por sus pronunciadas turgencias pectorales), ambos descendientes de familias nacidas en la Colonia Tovar, quienes, acertada o equivocadamente creyeron que Caracas y Munich podrían vincularse a través del sensual sabor que deja en la boca y en otros lugares estratégicos del cuerpo, una cerveza bien fría. Si acertaban o se equivocaban, el veredicto implacable lo darían los bebedores de cerveza, quienes daban más vueltas que un perro antes de echarse, por algunas de las cervecerías de Caracas, en busca de una buena fría, consumida en el momento preciso, en el lugar acertado y en el ambiente adecuado, para celebrar, enlutarse o conmemorar algún acontecimiento académico, político, deportivo o erótico.



Continuará...


El Conde de Lautréamont

Pablo Neruda

Posted by Gilberto Parra | Posted in , , , | Posted on 7:19:00 a. m.

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“Yo fui alejado
de estos infinitos:
ni un solo dedo de mis semejantes
tembló en el agua urgiendo la existencia”…


Pablo Neruda (Neftalí Ricardo Reyes Basoalto). Escritor y Poeta. Nacido en Parral-Chile, el 12 de Julio de 1904. El 18 de julio aparece su primer texto titulado “Entusiasmo y perseverancia” en el periódico “La Mañana”. Participa en Los Juegos Florales de la provincia de Maule, obteniendo el tercer premio con su poema «Nocturno Ideal». Entre sus obras más emblemáticas figuran: Crepusculario, 1923; Veinte Poemas de Amor y una Canción Desesperada, 1924; Tentativa del Hombre Infinito, 1926; España en el Corazón, 1937; Canto General, 1950; Los Versos del Capitán, 1952; Las Uvas y el Vino, 1954; Cien Sonetos de Amor, 1959; Las Manos del Día, 1968; Geografía Infructuosa, 1972; Incitación al Nixonicidio y Alabanza de la Revolución Chilena, 1973; 2000, 1971; El Corazón Amarillo, 1972 y Elegía, 1972. Obtiene el Premio Nobel el 21 de octubre de 1971.





Pablo Neruda
(1904)



Las manos del Día
(1968)



II
El Vacío



Y cómo se hace el Mar?
Yo no hice el mar:
lo encontré con sus salvajes
Oficinas,
lo hallé dispuesto a todo,
crepitante,
pacifico,
atlántico de plomo,
mediterráneo
teñido de anilina,
todo era blanco y hondo,
hirviente y permanente,
tenía olas, ovarios,
naves muertas,
latía
su organismo.

Lo medí entre las rocas
de la tierra asombrada
y dije, no lo hice,
no lo hice yo, ni nadie:
en ese nadie soy
un sirviente inservible,
como un molusco roto
por los dientes del mar.

No hice la sal dispersa
ni el viento coronado
por la racha que rompe la blancura
no, no hice la luz del agua ni el beso que estremece
la nave con sus labios de batalla,
ni las demoliciones de arena,
ni el movimiento que envolvió en silencio
a las ballenas y sus procreaciones.

Yo fui alejado
de estos infinitos:
ni un solo dedo de mis semejantes
tembló en el agua urgiendo la existencia
y vine a ser testigo
de la más tempestuosa soledad
sin más que ojos vacíos
que se llenaron de olas
Y que se cerrarán
en el vacío.




Geografía Infructuosa
(1972)



Hacia tan lejos



A la isla de pascua y sus presencias
salgo, saciado de puertas y calles
a buscar algo que allí no perdí.

El mes de enero, seco
se parece a una espiga:
cuelga de Chile y su luz amarilla
hasta que el mar lo borre
y yo salga otra vez a regresar.

(Estatuas que la noche construyó
y desgranó en un círculo cerrado
para que no la viera sino el mar.)

Viajé a recuperarlas, a erigirlas
en mi domicilio desaparecido,
y aquí rodeado de presencias grises,
de blancura espacial, de movimiento
azul, agua marina, nubes, piedra,
recomienzo las vidas de mi vida.




Nota:
Textos fueron extraídos de los siguientes libros: “Las Manos del Día”, “Geografía Infructuosa”, de la editorial «DeBols!llo» Contemporánea. A continuación un Vídeo-Documental sobre el poeta Chileno Pablo Neruda, bajado del portal Youtube.com. 


Pablo Neruda